19 de junio de 2011

De la importancia de la red social, la generosidad global y los agradecimientos. De la maravilla de las relaciones entre personas.

Muchos temas para un solo post, quizas los amplie otro día, porque hoy solo voy a lanzar impresiones que se me agolpan en un torrente de ideas.

En estos momentos agradezco al sol que calienta mi piel entre las nubes que lo hacen desaparecer de tanto en tanto. No sé cuanto tardará en venir el siguiente claro, pero su luz y su calor perduran en la espera de cada sombra.

¿Generosidad globalizada? posiblemente este no es el término que usaba quién le habré tomado prestado el concepto, pero ahora no acierto a encontrar una palabra mejor. Esto es, haz un favor a una persona y te será devuelto a través de una tercera, en una rueda sin fin de buenas acciones que se retroalimentan y hacen el mundo mejor. No lo hagas para que te sea devuelto, simplement hazlo, y te beneficiarás de ello otra vez, cuando lo necesites. De esta generosidad me acordé justo después de pedir consejo a mi tutor profesional el otro día, cuando estaba yo ayudando a un viejo compañero de estudios en su nuevo reto profesional, un buen amigo me llamaba para ofrecerme conversar sobre otro tema que me preocupaba, y dos más me habían contactado esa semana para pedirme opinión profesional sobre sendos quiebres. Y la familia que siempre está ahí cuando se necesita. Que red tan valiosa.

En pocos días una cantidad ingente de acciones y conversaciones, que hacen salir a la luz ofertas y pedidos en múltiples direcciones, en un intercambio saldado en ese nivel superior. Gracias a tod@s ell@s.

Que importante tener la posibilidad de verbalizar las preocupaciones, poderse apoyar en el conocimiento de los demas, que lo hacen a un@ (y a tod@s) más fuerte.

Que menos se ven los problemas solo de tener a un amigo que te llama al más mínimo signo de flaqueza por un comentario escuchado en la lejanía y se ofrece a ayudarte; o el que acude sin falta a verte no importa ni como ni porqué, ni cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que supiste de él, para sumar y enriquecer lo que estás haciendo; o el que pregunta de corazón como estás cuando intuye que no es la mejor de las épocas la que se está pasando. Que bueno tener tanta gente ahí que demuestran ese amor, ese apoyo mútuo, "donde no llegas tú llego yo", esa riqueza en la acción que se complementa,  "puedo hacer esto por ti, que hará que consigas un resultado mejor", amazing!, ese reconocimento que no hay palabras para agradecer, ni abrazos suficientemente intensos para demostrarlo.

Cómo funcionan las organizaciones en que este valor se vive a diario.

Por eso cada vez que te encuentres con un amig@, cuidalo y acuérdate de agradécerselo; celébralo. Lo mismo vale para un compaÑero de trabajo,o cualquier persona que te rodee, acuérdate de agradecer y celebrar el compartir el momento contigo. Los encuentros fugaces vienen y van, pero tejen una red inmaterial que vale más que cualquier otra cosa en este mundo.

El trabajo en equipo se queda pequeño ante esta enorme red social de colaboración y la potencia de sus resultados en tu salud, prosperidad y felicidad.

Y en el final, una última señal del destino (escuchad sincronías) un recuerdo musical paseando este fin de semana entre las fiestas de mi barrio. No estas solo, no estas sola, y contigo estoy en este mundo. Qué pasión. ¿Habéis visto qué abundancia de margaritas bajo el sol?



Post de: Eulàlia

13 de junio de 2011

momentos positivos

el momento de susan boyle

¿CUÁNTO CUESTA LA VERDAD?

El hombre paseaba por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Al torcer una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco. Intrigado, se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate... En el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: Tienda de la verdad
El hombre estaba sorprendido. No pudo imaginar qué vendían.
Entró.
Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:
- Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?
- Sí, señor. ¿Qué tipo de verdad está buscando? ¿Verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?
Así que allí vendían verdad. Nunca se había imaginado que aquello era posible. Llegar a un lugar y llevarse la verdad era maravilloso.
- Verdad completa – contestó el hombre sin dudarlo.
Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones, pensó. No quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni fraudes.
- Bien señor, sígame.
La señorita acompañó al cliente a otro sector, y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo:
- El señor le atenderá.
El vendedor se acercó y esperó a que el hombre hablara.
- Vengo a comprar la verdad completa.
- Ajá. Perdone, pero, ¿el señor sabe el precio?
- No. ¿Cuál es? – contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.
- Si usted se la lleva – dijo el vendedor –, el precio es que nunca más volverá a estar en paz.
Un escalofrío recorrió la espalda del hombre. Nunca se había imaginado que el precio fuera tan alto.
- Gra... gracias... Disculpe... – balbuceó. Dio la vuelta y salió de la tienda mirando al suelo.
Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que aún necesitaba algunas mentiras en las que encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo...
Quizá más adelante, pensó.






(desconozco el autor)